martes, 8 de enero de 2013



Enero de 2013
(Las opiniones vertidas por los autores en los textos publicados, no coinciden necesariamente con los del consejo editorial)

En este número:
Regresó el evento Hispanarte al Terry
Sport Shirts nos reta
El Hambre de Ser
La pintura y otros lugares: El Teatro como gesto y experiencia sensorial
Vitalidad y cercanía de La pintura y otros lugares
Laritza Bacallao: Dejando escapar el ángel
Otras latitudes teatrales
II Jornada Cienfuegos Teatral: Calidades no reñidas con las cantidades

Este mes, pero hace años…

Regresó el evento Hispanarte al Terry
Por: Antonio Enrique González Rojas

El Teatro Tomás Terry fue una vez más escenario principal del evento Hispanarte, dedicado a la rememoración de las tradiciones hispánicas en Cuba, cuya edición correspondiente a 2012 tuvo lugar entre el jueves 6 de diciembre y el domingo 9.
Sobre las 3:30 PM del propio 6, el Café Teatro acogió la inauguración con la presentación del grupo Flameno Fusión y en el escenario principal y a las 9:00 PM, tuvo lugar, en el escenario principal, un espectáculo de la Academia de Baile Flamenco de Joel Zamora, proyecto que celebró además su XVI aniversario. Finalizó la noche en el Café Terry con un tablao de la Compañía Flamenca A mi aire.
El viernes 7, en la tarde, en el Centro de Documentación y Sala de Historia Yolanda Perdiguer se presentó el Plan de Estudio para la Enseñanza del Baile Flamenco de Joel Zamora y el grupo de 5to nivel de dicha Academia actuó. Actoseguido, en el Café se realizó una exposición de platos tradicionales españoles amenizado por el desempeño el grupo de 2do nivel de la Academia.
Como principal oferta de la jornada, a las 9:00 PM sucedió el recital Tatuaje de Madera, de la Compañía de Joel Zamora, finalizando la noche con la descarga del dúo De mutuo acuerdo junto al actor Rafael Ribot, en el Café Terry.
El sábado 8, a las 10:00 AM, inició la tercera jornada del evento con la peña infantil del grupo de 4to nivel de la Academia en el Café Terry, seguida en la tarde por una clase magistral de baile flamenco impartida por la maestra Ana Rosa Meneses en el escenario del Teatro, donde en la noche ocurrió el espectáculo Algo más que flamenco, de la Compañía A mi aire. El domingo 9 tuvo lugar a las 5:00 PM la clausura del Hispanarte 2012 con un espectáculo variado donde confluyeron varios de los invitados.

Sport Shirts nos reta
Por: Lázaro Pérez Valdés

Según la promoción gráfica que promovió la representación en el Teatro Tomás Terry de la obra Sport Shirts, del cumanayagüense Teatro de Los Elementos, bajo la dirección artística de Daisy Martínez y con la actuación de Yanexy Román: Adela crea una historia donde nos reta a descubrir la frontera entre realidad y ficción. Indudable es el papel esencial de la contradicción entre lo real y lo ficticio para el desarrollo dramatúrgico de la puesta, pero en ningún momento el texto invita a revelar la frontera entre las partes, más bien pretende difuminar la línea divisoria dejando la esclarecimiento del personaje, innegable o imaginado, en el plano perceptivo de cada espectador.
Una mujer frágil, insegura, poco expresiva, es defendida por un hombre justiciero, bravo, convincente y preciso. En un mundo tan convulso y violento, un ser de tan altos principios éticos y valores morales puede resultar ficción; pero si tomamos como referencia la poca concepción del universo que tiene ella, así como su personalidad endeble e incapacidad para imaginar un individuo de tan completa formación, pudiéramos tomarlo como real. Calvert, que así se nombra, puede ser no creíble para el auditorio al cual se dirige Adela, pero para ella es real, concreto, una personalidad fundamentada en sus necesidades y esperanzas.
La sucesión de los elementos probatorios que va presentando Adela para fundamentar la existencia de su protector, es el hilo conductor de la historia. Ella no pretende convencer de su inocencia; se sabe inocente y lucha por mostrarnos la verdadera identidad del hombre que le salvaguardó. El choque constante y dinámico de su verdad y la ausencia física de Calvert es el conflicto potente que mueve la progresión dramática de la obra, por ello en la medida que este convencimiento se ha hace más sólido, el crescendo dramático es mucho más enérgico, logrando con ello que el instante climático de la puesta se prefigure con más certeza. Este es un punto donde los logros de la puesta se pueden reforzar.
La obra es un ejercicio de actuación, del lenguaje y sus matices, donde el personaje revela su visión de los acontecimientos y caracteriza a su defensor al tiempo que demuestra su inocencia. El acto comunicativo es fundamental, directo y preciso con una fuerte cadena de procesos y monólogos interiores, los cuales se van revelando con gran naturalidad y donde la Román hace gala de su sentido profundo de la verdad. La actriz, apertrechada de una excelente técnica histriónica, va conduciendo a la audiencia por el camino de interrogantes y conclusiones que llevan a aceptar su narración como cierta. La forma de decir es muy acomodada al lenguaje y la línea de matices que se registran muestra el estudio minucioso del texto en función de las pretensiones comunicativas. Reforzar las zonas de silencio pudiera ayudar al discurso oral.
La delimitación del espacio escénico genera un encierro, recreando de un lado las restricciones que la sociedad impone y de otro, las pocas opciones y fundamentos escasos que el personaje posee para su defensa. La reclusión dentro de una caja de cartón exige de la actriz movimientos pequeños con una gestualidad bien medida, emanando la fragilidad del personaje y esa soledad extrema en que vive. El baúl es el circunscrito círculo social donde ella se mueve y por ello tiene la opción de trasladarse con él sobre otra zona mayor, deslindada por la luz y que representa el contexto que le rodea.
La dictadura, la intimidación y el encerramiento son algunas de las situaciones que se generan y mediante las cuales se exteriorizan los sentimientos que revelan las personalidades de los seres a quienes se alude y las circunstancias donde habitan. La soledad, la nostalgia, la incomunicación y las frustraciones delinean mediante Adela a todos los que se mueven en este mundo de aislamiento y se muestran las consecuencias fatales a que no debe llegar el individuo y a donde están conduciendo las distancias y las barreras que los hombres imponen a los hombres.
La propuesta de Teatro de Los Elementos nos reta a visualizar un mundo convulso, violento, frio y esquemático e invita a sumergirnos en su espantosa realidad, donde la ficción y la imaginería íntima pueden resultar la añorada salvación.


El Hambre de Ser
Por Lázaro Pérez Valdés

Con Hambre, otra de las propuestas llevadas al escenario del Tomás Terry por el colectivo Teatro de los Elementos, defendida actoralmente por Joel Pérez y bajo la dirección artística de Atilio Caballero, sobre el original de Henry Miller, nuevamente la agrupación vuelve a insistir (ya sucede con Sport Shirts), con profundidad, en el trabajo sobre la soledad del actor y la relación del individuo con el espacio y los componentes escénicos. Un escenario vacío, un gran círculo de luz y una mínima cantidad de objetos acompañan al intérprete en todo el recorrido expresivo donde el cuerpo lleva el peso fundamental. El trabajo corporal, el enunciado oral, así como la utilización de conceptos y signos apropiados, dan a la puesta el lenguaje idóneo y consolidan la forma más eficaz para la comunicación del contenido.
Desde la delimitación del espacio y la poca utilería se plantea la enajenación y el aislamiento del personaje; la relación con los objetos pone al descubierto la necesidad inminente de insertarse socialmente, así como su capacidad de adaptación y decisión de luchar. El hambre no es más que el espíritu y la demanda de socialización que manifiesta el ser humano desde la definición minúscula de ser individual. La proyección pública de este está marcada por la relación abrupta con el medio circundante, de ahí que la selección de los objetos sea esencial para definir sobre cuáles perfiles expresivos se desea acentuar el apetito del personaje y revelar los conceptos, los principios y la visión que él posee de cada proceso de interrelación.
Sobre la propia comunicación del actor con la escena se diseña la estructura dramática de la puesta, edificando la progresión necesaria con cada nuevo contacto y aprovechando la composición espacial que se proyecta desde las excelentes posibilidades físicas-expresivas de Joel Pérez. La música no solo rotula la cadencia y la dinámica de la representación, es un discurso explícito mediante el cual se comunica el estado anímico del protagonista, revelándonos las detonaciones violentas que se suscitan en su interior. Constantemente se definen y redefinen las conexiones entre medio e individuo.
La caracterización de un ser deformado, sin recurrir a exteriorizaciones, permite ver una manera muy peculiar de trasladarse y hablar sobre la escena a un individuo que defiende desde su trágica existencia, su derecho de vivir y resalta como valores su capacidad de imponerse por encima de las circunstancias; y disfrutar cada uno de sus actos. La puesta en sentido general, fiel al texto, es una defensa de la unificación, el respeto a las diferencias, un llamado a la no-exclusión y la aceptación plena por sobre cualquier defecto físico, mental o psicológico.








La pintura y otros lugares:
El Teatro como gesto y experiencia sensorial
Por: Antonio Enrique González Rojas

Después del (o junto al) cine y el audiovisual por extensión, el Teatro es el arte más plural en tanto es capaz de contener en sí los códigos y resortes del resto de las manifestaciones. Deviene, más allá de la básica narración conflictual, una experiencia sensorial íntegra que implica una infinita riqueza de recursos expresivos, mixturados o conjugados en variopintas proporciones, según las pretenciones conceptuales de los creadores. Facultados para comunicar sentido y drama no sólo desde la historia, los artífices destilan en sus redomas autorales el hecho teatral y obtienen el gesto y la imagen como principales recursos escénico-expresivos, libres de una historia aristotélicamente concebida, pero no carente de emoción. Todo lo contrario. Sobre tales presupuestos se asienta la obra La pintura y otros lugares, el más reciente estreno del capitalino Espacio Teatral Aldaba, que bajo la dirección de su fundadora Irene Borges, clausuró 2012 para el Tomás Terry en cuestiones de teatro.
Pisando los talones a otro grupo habanero: El Ciervo Encantado, regido por Nelda Castillo, quien con obras como los Pájaros en la playa y Visiones de la Cubanosofía marca significativa y saludable singularidad en la escena cubana contemporánea, Aldaba revela con esta pieza, fruto de un ejercicio de creación colectiva que rescata para el presente los principios del Teatro Nuevo latinoamericano, la ilusoriedad de las fronteras entre el Teatro y las Artes Plásticas: entre representación y performance, entre escenografía y enviroment, enfatizando meticulosamente en la armonía compositiva de cada escena y la autosuficiencia de su significado como gesto autónomo, interrelacionado pero no interdependiente con el resto de la obra. Aunque no apela a la espontaneidad que también define al performance (debe haberse limitado al proceso endógeno de construcción colectiva de la puesta), sí busca involucrar a los públicos desde el carácter confesionario y levemente catártico de las interpretaciones, fundamentalmente dirigidas a la sensibilidad, la emoción y la saudade de la audiencia, como verdadero antípodas del extrañamiento brechtiano.
La pintura…, también el título de un libro concebido por el artista francés Alain Kleinmann, autor de la mayoría de las piezas proyectadas sobre los soportes, humanos y materiales, va así en pos de conseguir una belleza orgánica de altos cotos líricos, soportado todo en la nostalgia familiar, suerte de gran esencia de la puesta, donde los cuerpos de los actores devienen lienzos vírgenes y arquetípicos en los cuales tridimensionalizar, encarnar las figuraciones y el discurso judaico-diaspórico del artista de marras, quien rememora desde la exquicitez técnica y la visceralidad expresiva la magna tragedia judia del siglo XX: el Holocausto patrocinado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, concienzudo estartegia para lograr el exterminio de una nación completa como la tribu israelita, suceso recreado en años recientes en la obra Emuná, de la extinta compañía cienfueguera de danza-teatro Oxígeno desde una concepción más espectacular.
Ahora, la organicidad tan icónica y temáticamente específica de la puesta se ve resentida por la un tanto ingenua pretención de “contextualizar” la situación en la Cuba del presente, como suerte de manifiesto generacional de los jóvenes, quienes llegan en determinado momento “climático” a clamar a voz en cuello por la armonía, la concordia, la paz, el amor y demás utopías (necesarias, pero imposibles al fin), tras breve repaso de circunstancias aciagas de la historia nacional reciente, nunca tan terribles como la tragedia judía, aunque sí más cercanas y dolorosas. Contrasta, no obstante, la arcana ilusoriedad de las obras de Kleinmann y todo su universo cultural, cuya exótica belleza ha prefigurado hasta determinado momento una esfera cósmica, un enviroment contundente, con la repentina irrupción de fotos comunes de La Habana, para nada elaboradas y el más brusco detour experimentado por el discurso lírico.
Esta transición Auschwitz-Habana o 1943-2012, no delata un engarce epocal-conceptual sólido como para develar de una manera consecuente los rasgos comunes de la añoranza, de la nostalgia humana, amén espacio y tiempo. La pintura… se ve entonces truncada en dos parcelas de significado casi divorciadas, dado lo débil de la amalgama dramatúrgica, en este caso sí muy necesaria, dada la divergencia de los planteamientos. Se aboca todo a la catarsis lacrimógena y casi sensiblera (aunque a salvo del melodramatismo barato) con la escena final, donde los actores evocan a sus seres queridos fenecidos, en un momento innegablemente conmovedor el cual imagino, como fruto que es de un ejercicio de articulación plural, sea suerte de una demasiado íntima apropiación de las obras de Kleinmann, basado todo en la saudade más aungustiosa.
La pintura y otros lugares, a pesar de estas sombras que empañan por momentos su coherencia dramatúrgica, resulta una comedida y nunca inoportuna escalada a los núcleos más nobles de la sensibilidad humana, allí donde se refugia la pureza que dedicamos todos los días a mancillar y soslayar, enterrándola en el fondo del alma como la Esperanza en el cofre de Pandora, así como una convocación igualmente nostálgica a la belleza modernista y contemplativa emanada por versos como los escritos por la Loynaz.
Vitalidad y cercanía de
La pintura y otros lugares (*)
Por: Vivian Martínez Tabares

No es muy frecuente que el teatro cubano de estos tiempos se abra al diálogo con otras manifestaciones artísticas. A pesar de su condición de arte de síntesis y de su cualidad como expresión audiovisual viva, falta una mayor interrelación con otras zonas de las artes. Ya me he referido al necesario diálogo con el performance, presente solo en la labor de El Ciervo Encantado y en algún otro intento ocasional, a pesar de la potencialidad que significaría para la vitalidad de la escena misma y para el crecimiento fecundo de muchos actores capaces y ociosos. Una excepción estimable es la propuesta de Irene Borges y el Espacio Teatral Aldaba al representar La pintura y otros lugares, creación colectiva inspirada en la obra plástica del artista francés Alain Kleinmann (…)
El Espacio Teatral Aldaba es un aún joven colectivo (creado en 2008) que mantiene un intenso quehacer de estrenos. Y si un rasgo distingue a su directora, Irene Borges, graduada de la Escuela de Instructores de Teatro y de Dramaturgia en el Instituto Superior de Arte, con estudios de dirección también en talleres del Royal Court, es el tesón y la audacia. Con esta puesta, de gran formato y vocación instalativa, que involucra a un elenco numeroso de trece actores en escena, alcanza a mi juicio uno de sus más logrados trabajos, que me motiva a reflexionar por lo que de innovador tiene en varios sentidos.
Primero, me llama la atención que el joven grupo se adscriba a la creación colectiva (y no por primera vez), un modo de hacer que implica y compromete activamente a todos los participantes. Heredada de los años 70 y del auge del movimiento de teatro nuevo, hoy la creación colectiva es inusual (y hasta a veces denostada, aquí y en otras latitudes, con frecuencia desde el desconocimiento o la alineación diferenciadora a ultranza), cuando los grupos más notables artísticamente en nuestro teatro están signados por una marcada impronta individual de los directores líderes. Quizás, el breve paso de Irene Borges por el Teatro Escambray y el contacto con creadores como Carlos Pérez Peña (a quien también ha dirigido en Aldaba) y Rafael González, entre otros, le haya mostrado las posibilidades de esta manera de crear, no superada por el tiempo sino abierta a nuevas apropiaciones.
Otra cualidad a destacar es la capacidad de emprender un proyecto, a partir de una pauta pictórica, y convertirlo en una experiencia teatral de múltiples expresiones, con la “invasión” instalacionista que ocupa gran parte del espacio de la Sala Tito Junco del Centro Cultural Bertolt Brecht (creada por el propio Kleinmann con Michel Díaz Deschapell, Abel Ferrero y Alberto Emilio Jiscar), de modo que el espectador irrumpe en la ámbito teatral a lo largo de pasillos diseñados en torno, en los cuales se encuentra con actores que interactúan con objetos personales, documentos, libros y fotografías, dispuestos en sugerentes composiciones, que sirven como efectivo prólogo y preparación emocional e intelectiva.
Y el mérito fundamental, a mi juicio, es haber logrado apropiarse de lo esencial contenido en una obra vasta, de un artista foráneo, (nacido en París en 1953, es decir, proveniente de un contexto y de una generación diferente a la de Irene y sus actores), y que desde la contemporaneidad fija sus motivos temáticos en la guerra y sus consecuencias en la memoria, también marcado por su ascendencia judía de la Europa del Este. Las imágenes de las piezas de Kleinmann proyectadas al fondo en un enorme telón, cobran vida fundidas con los cuerpos de los actores, ataviados de blanco, como las telas que enmarcan la caja escénica, en abierta disposición plástica para integrarse a la bellísima trama visual en tonos sepias, en la que las líneas, las sombras y las manchas dejan ver viejas paredes y llaves sobre las que el tiempo no marca distancias insalvables, verjas, puertas, maletas, ruedas (huellas de acto de partir, del éxodo y el viaje), un antiguo coche de niño y otros objetos que operan como artefactos de la memoria emotiva, con resonancias personales y colectivas para todos los tiempos. El puente tendido hacia el artista francés va más allá del libro suyo que da título al espectáculo, cuando hasta acá, al recrear sus imágenes relacionadas con La Habana Vieja, con sus altos muros, cariátides y escaleras.
Las obras de Kleinmann no son nunca para este montaje un elemento decorativo o un telón de fondo simplemente hermoso; su pintura es atmósfera vital, aire y estímulo que consigue composiciones admirables, que despierta analogías y pone a dialogar, de modo sensible, el tiempo pasado con el presente de los artistas y espectadores. Las imágenes plásticas cobran vida en la acción de los cuerpos en movimiento, interactúan con la gestualidad y los desplazamientos en el espacio tanto como con la palabra, con el apoyo de una efectiva banda sonora y de las expresivas luces, profusas en claroscuros, de Marvin Yaquis. Porque más que ilustrar o “teatralizar” una obra cerrada en su bidimensionalidad, lo que hacen Irene Borges y su equipo de Aldaba es apropiársela, darle carne y nutrirla de sus propios sueños y angustias.
La estructura está armada de pasajes que reprocesan referentes de la literatura, el teatro y la vida en una amplia suma de fuentes que van desde el drama lorquiano, la reconstrucción de una experiencia de espectador frente al extraordinario desempeño artístico de Marcel Marceau, y a situaciones de la vida cubana, cotidiana y familiar, de ahora mismo. Y en lo que intuyo como el afán de dar respuesta equilibrada y justa a los impulsos expresivos de cada uno de los actores, muchos de ellos muy jóvenes, está el punto más polémico del montaje: la dramaturgia, requerida de una ilación más orgánica y de cierta edición de los textos, no siempre con la misma elocuencia teatral ni riqueza literaria, aunque sí impregnados de sincero empeño. Así, el balance artístico es positivo, a partir de la entrega (total, de los cuerpos-mentes) al experimento y a las búsquedas de un modo de hacer hasta entonces inédito para el grupo y para muchos de sus miembros y, como decía al principio, poco habitual en los discursos estéticos, a veces bastante uniformes, de la escena cubana actual.
Especialmente contundente es la escena climática, la plegaria que se hace coral desde el acto de compartir los sueños y anhelos de cada uno, y de aportar también desde el ámbito de las imágenes una iconografía propia, cuando los actores y actrices cargan consigo, amorosamente, y colocan en escena, iluminados por la titilante llama de las velas, retratos con rostros de sus seres queridos. Los semblantes difusos y trasmutados del modelo real en las pinturas, según el estilo de Kleinmann, dan paso aquí a seres identificables de carne y hueso, algunos de ellos con el añadido de su propio entorno. El clima dramático sube cuando cada actor se expresa: las manifestaciones de sus ansias tocan en lo profundo la emotividad del espectador, no por el modo en que son dichas –y se ve que la línea directriz supo cuidarse de cualquier sentimentalismo simple-- sino por la humildad y la sencillez que animan los pedidos expuestos ante los demás y ante nosotros. Humanísmos, hablan de cuestiones terrenales como la posibilidad de tener un hijo, y que pueda educarse con un buen maestro, que todos podamos tener prosperidad, trabajo y amor, de apartar la intolerancia y el miedo a lo diferente, de desterrar la corrupción, de poder encontrar la felicidad aquí y no en otra parte, de tener capacidad para resistir, y paz, salud, equidad, libertad, solidaridad y amor para todos.
Ese pasaje alcanza una riqueza performativa inusitada, un clima de verdad y fuerza en el que Aymée, Karla, Ailín, Vivian, Yuniel, Asdrúbal, Fernando, Rocco, Daniel, Hamlet, Yusán, Maykel y Manuel, y también Irene y el resto de los miembros del Espacio Teatral Aldaba, son mucho más ellos mismos, oficiando un acto reiterado en el que los cuerpos se salen de la tela y de la trama para consumar una presencia rotunda en el aquí y el ahora. Y tiende así una especie de puente entre teatro y performance por la explícita disposición política al enjuiciar, críticamente, los vicios de este mundo y al anhelar, como posible y necesario, uno mejor y más humano.
Creo que La pintura y otros lugares aporta al centenar de exposiciones personales de Alain Kleinmann, vistas en importantes museos y galerías del mundo, y a sus anteriores incursiones en nuestros espacios (en el Museo Nacional de Bellas Artes o en San Alejandro), también la vitalidad de la escena, que lee lo universal y lo renueva para hacerlo cercano e inmediato. Y a nosotros, otro horizonte visual desde el cual mirarnos.
*Tomado del Dossier de La pintura y otros lugares

Laritza Bacallao: Dejando escapar el ángel
Por: Lázaro Perez Valdés

Una oferta excelente para cerrar el año la del 28 de diciembre en el Teatro Tomás Terry: una noche de entrega y respeto. La protagonista Laritza Bacallao no tuvo otra opción que desbordar todo su talento sobre el tabloncillo para responder al amor y la acogida que el auditorio cienfueguero reunido en el majestuoso coliseo le profesó. Desde bien temprano se fueron colmando todos los espacios y pronto, mucho antes de la primera campanada, la gran masa humana, apropiándose del interior de la institución dejó sin circulación el aire emitido por los ventiladores y la noche aumentó la temperatura hasta tornarse calurosa.
Todo dispuesto y junto a la tercera campanada y los primeros acordes se abrió el telón de boca para iniciar un concierto donde música y aplausos alternaron incesantemente; en algunas ocasiones se fundieron en un solo tiempo, en un gran acorde que el pueblo cienfueguero necesitaba para concluir el año. La aparición de la artista fue marcada por una ovación extendida por los prolongados segundos que ella necesitó para observar la concurrencia. Su silencio expresó el agradecimiento ante tan extraordinaria acogida.
El amplio espectro musical de la Bacallao le permitió viajar en el tiempo de la cancionista cubana y deleitar a sus interlocutores con un profundo y bien seleccionado repertorio donde incluyó piezas foráneas, así como el contagioso ritmo que identifica a la nación brasileña: la samba. Laritza no solo cantó, bailó, sino que dialogó con el auditorio de forma amena y con una especial sinceridad que le permitió conquistarlo. Quizás este sea uno de los grupos más heterogéneos que ha convocado un espectáculo o una artista dentro del Terry.
La calidad vocal, interpretativa, artística y humana de Laritza elevó la convocatoria del Teatro Tomás Terry y reunir a niños, jovenes y adultos en un solo aplauso. Algunos pueden pensar que este 28 de diciembre se posó un ángel sobre el tabloncillo, yo me atrevo a asegurar de que fue el espíritu del Arte quien se apoderó del escenario para provocar que cada espectador dejara escapar su ángel.

Otras latitudes teatrales

II Jornada Cienfuegos Teatral:
Calidades no reñidas con las cantidades
Por: Lázaro Pérez Valdés

La Jornada Cienfuegos Teatral en su segunda edición, se desarrolló del 13 al 15 de diciembre, teniendo como sedes las salas Guiñol, Guanaroca y espacios alternativos de la ciudad. En esta ocasión el certamen estuvo amenizado por varios colectivos del movimiento de artistas aficionados como Máscaras, del municipio de Cruces, con la pieza El cangrejo volador; Acrópolis Teatro, de la Universidad Carlos Rafael Rodríguez de Cienfuegos, con el monólogo Mi madre; Teatro Joven, de Palmira, con la puesta Tardes grises; Teatro Nuevo, con El aval; Luces Teatro, con Candil de los sueños y el Carro de Thespis, los últimos tres de la Perla del Sur; y apoyados por las agrupaciones profesionales de la provincia como el Centro Dramático de Cienfuegos, con una nueva presentación de Mar Nuestro; Retablos, con Fábulas en el Escritorio y lo cual impregnó calidad y variedad al acontecimiento.
Tres días resultaron muy poco tiempo para exponer las numerosas obras, caracterizadas por la diversidad de los temas, la variedad de técnicas y estéticas artísticas. Definió a esta jornada la organización, la disciplina y el respeto absoluto por el cumplimiento del programa, así como el balance adecuado de las propuestas escénicas, lográndose incorporar al menos un colectivo de cada municipio y reservando el espacio para que agrupaciones de otras provincias participaran, como los jóvenes de El Portazo, de Matanzas, con la obra Por gusto y el elenco habanero del grupo Teatro Interrogante, con la puesta Tipos.
Contar con un número tan alto de propuestas artísticas de calidad, puede ser síntoma de excelente salud al movimiento aficionado y redefine los márgenes y signos de cómo este puede influir posteriormente en el desarrollo del teatro profesional. Invadir todos las instalaciones donde habitualmente se representa en la provincia no solo fue un reto, resultó una muestra del alcance y el impacto de los creadores y sus instructores de arte, así como de la capacidad del comité organizador y del desempeño técnico-metodológico del Consejo Provincial de Casas de Cultura.
Por encima de la multiplicidad, la novedad, la disposición, distribución y el orden mencionados, se edificó de forma magistral el movimiento de público generado, atrayendo fundamentalmente a jóvenes, adolescentes y repletando cada uno de los espacios programados. A pesar de la calidad de las muestras y la certeza de la ejecución de este evento, su proceso de socialización supera todas las expectativas para un encuentro así y para muchos programas similares organizados por otras instituciones culturales

En este mes, pero hace años…

Enero

1997
24 al 26: Presentación del grupo humorístico Nos y Otros, con el espectáculo La muerte de Elpidio Valdés. Rigoberto Ferrera como invitado especial, con el monólogo Accidente (Premio Aquelarre)

1999
22 al 24: Presentación de la agrupación Teatro Las Nubes, con la obra Huevos de pájaro, bajo la dirección de rolando Tarajano,
sobre un texto de Raúl Alfonso, y las actuaciones de
Yailene Sierra, Indira Valdés y Carlos Padrón

2001
13: Concierto homenaje al aniversario del Trío Trovarroco, con la participación de Vicente Feliú, Augusto Blanca y Lázaro García.

Tomado de Román Capdevilla, Rebeca (Coordinadora): Dos lustros fecundos. Aproximación a una cronología del Teatro Tomás Terry 1996-2006, Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2006.



Consejo editorial:
Miguel Cañellas Sueiras (Director)
Antonio Enrique González Rojas (Editor jefe y diseñador)
Indira Rodríguez Ruiz

Redactores del número:
Vivian Martínez Tabares
Lázaro Pérez Valdés
Antonio Enrique González Rojas

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