Enero
de 2013
(Las opiniones vertidas por los
autores en los textos publicados, no coinciden necesariamente con los
del consejo editorial)
En
este número:
Regresó
el evento Hispanarte
al Terry
Sport
Shirts nos reta
El
Hambre
de Ser
La
pintura y otros lugares:
El Teatro como gesto y experiencia sensorial
Vitalidad
y cercanía de La
pintura y otros lugares
Laritza
Bacallao: Dejando escapar el ángel
Otras latitudes teatrales
II
Jornada Cienfuegos Teatral:
Calidades no reñidas con las cantidades
Este mes, pero hace años…
Regresó
el evento Hispanarte
al Terry
Por:
Antonio Enrique González Rojas
El
Teatro Tomás Terry
fue una vez más escenario principal del evento Hispanarte,
dedicado a la rememoración de las tradiciones hispánicas en Cuba,
cuya edición correspondiente a 2012 tuvo lugar entre el jueves 6 de
diciembre y el domingo 9.
Sobre las 3:30 PM del propio 6, el
Café Teatro
acogió la inauguración con la presentación del grupo Flameno
Fusión y en el escenario
principal y a las 9:00 PM, tuvo lugar, en el escenario principal, un
espectáculo de la Academia de Baile Flamenco de Joel Zamora,
proyecto que celebró además su XVI aniversario. Finalizó la noche
en el Café Terry
con un tablao de la Compañía Flamenca
A mi aire.
El
viernes 7, en la tarde, en el Centro de Documentación y Sala de
Historia Yolanda Perdiguer
se presentó el Plan de
Estudio para la Enseñanza del Baile Flamenco de
Joel Zamora y el grupo de 5to
nivel de dicha Academia actuó. Actoseguido, en el Café
se realizó una exposición de platos tradicionales españoles
amenizado por el desempeño el grupo de 2do
nivel de la Academia.
Como
principal oferta de la jornada, a las 9:00 PM sucedió el recital
Tatuaje de Madera,
de la Compañía de Joel Zamora, finalizando la noche con la descarga
del dúo De mutuo acuerdo
junto al actor Rafael Ribot, en el Café
Terry.
El
sábado 8, a las 10:00 AM, inició la tercera jornada del evento con
la peña infantil del grupo de 4to
nivel de la Academia en el Café
Terry, seguida en la tarde
por una clase magistral de baile flamenco impartida por la maestra
Ana Rosa Meneses en el escenario del Teatro, donde en la noche
ocurrió el espectáculo Algo
más que flamenco, de la
Compañía A mi aire.
El domingo 9 tuvo lugar a las 5:00 PM la clausura del Hispanarte
2012 con un espectáculo variado donde confluyeron varios de los
invitados.
Sport
Shirts
nos reta
Por:
Lázaro Pérez Valdés
Según la promoción gráfica que
promovió la representación en el Teatro Tomás
Terry de la obra Sport
Shirts, del cumanayagüense
Teatro de
Los Elementos,
bajo la dirección
artística de Daisy Martínez y con la actuación de Yanexy Román:
Adela crea una historia
donde nos reta a descubrir la frontera entre realidad y ficción.
Indudable es el papel esencial de la contradicción entre lo real y
lo ficticio para el desarrollo dramatúrgico de la puesta, pero en
ningún momento el texto invita a revelar la frontera entre las
partes, más bien pretende difuminar la línea divisoria dejando la
esclarecimiento del personaje, innegable o imaginado, en el plano
perceptivo de cada espectador.
Una
mujer frágil, insegura, poco expresiva, es defendida por un hombre
justiciero, bravo, convincente y preciso.
En un mundo tan convulso
y violento, un ser de tan altos principios éticos y valores morales
puede resultar ficción; pero si tomamos como referencia la poca
concepción del universo que tiene ella, así como su personalidad
endeble e incapacidad para imaginar un individuo de tan completa
formación, pudiéramos tomarlo como real.
Calvert, que así se
nombra, puede ser no creíble para el auditorio al cual se dirige
Adela, pero para ella es real, concreto, una personalidad
fundamentada en sus necesidades y esperanzas.
La
sucesión de los elementos probatorios que va presentando Adela para
fundamentar la existencia de su protector, es el hilo conductor de la
historia. Ella no pretende convencer de su inocencia; se sabe
inocente y lucha por mostrarnos la verdadera identidad del hombre que
le salvaguardó. El choque constante y dinámico de su verdad y la
ausencia física de Calvert es el conflicto potente que mueve la
progresión dramática de la obra, por ello en la medida que este
convencimiento se ha hace más sólido, el crescendo dramático es
mucho más enérgico, logrando con ello que el instante climático de
la puesta se prefigure con más certeza.
Este es un punto donde
los logros de la puesta se pueden reforzar.
La
obra es un ejercicio de actuación, del lenguaje y sus matices, donde
el personaje revela su visión de los acontecimientos y caracteriza a
su defensor al tiempo que demuestra su inocencia.
El acto comunicativo es
fundamental, directo y preciso con una fuerte cadena de procesos y
monólogos interiores, los cuales se van revelando con gran
naturalidad y donde la Román hace gala de su sentido profundo de la
verdad. La actriz, apertrechada de una excelente técnica
histriónica, va conduciendo a la audiencia por el camino de
interrogantes y conclusiones que llevan a aceptar su narración como
cierta.
La forma de decir es muy
acomodada al lenguaje y la línea de matices que se registran muestra
el estudio minucioso del texto en función de las pretensiones
comunicativas.
Reforzar las zonas de
silencio pudiera ayudar al discurso oral.
La
delimitación del espacio escénico genera un encierro, recreando de
un lado las restricciones que la sociedad impone y de otro, las pocas
opciones y fundamentos escasos que el personaje posee para su
defensa.
La reclusión dentro de
una caja de cartón exige de la actriz movimientos pequeños con una
gestualidad bien medida, emanando la fragilidad del personaje y esa
soledad extrema en que vive.
El baúl es el
circunscrito círculo social donde ella se mueve y por ello tiene la
opción de trasladarse con él sobre otra zona mayor, deslindada por
la luz y que representa el contexto que le rodea.
La
dictadura, la intimidación y el encerramiento son algunas de las
situaciones que se generan y mediante las cuales se exteriorizan los
sentimientos que revelan las personalidades de los seres a quienes se
alude y las circunstancias donde habitan.
La soledad, la
nostalgia, la incomunicación y las frustraciones delinean mediante
Adela a todos los que se mueven en este mundo de aislamiento y se
muestran las consecuencias fatales a que no debe llegar el individuo
y a donde están conduciendo las distancias y las barreras que los
hombres imponen a los hombres.
La
propuesta de Teatro de Los
Elementos nos reta a
visualizar un mundo convulso, violento, frio y esquemático e invita
a sumergirnos en su espantosa realidad, donde la ficción y la
imaginería íntima pueden resultar la añorada salvación.
El
Hambre
de Ser
Por
Lázaro Pérez Valdés
Con
Hambre, otra de las
propuestas llevadas al escenario del Tomás
Terry por el colectivo
Teatro de los Elementos,
defendida actoralmente por Joel Pérez y bajo la dirección artística
de Atilio Caballero, sobre el original de Henry Miller, nuevamente la
agrupación vuelve a insistir (ya sucede con Sport
Shirts), con profundidad,
en el trabajo sobre la soledad del actor y la relación del individuo
con el espacio y los componentes escénicos.
Un escenario vacío, un
gran círculo de luz y una mínima cantidad de objetos acompañan al
intérprete en todo el recorrido expresivo donde el cuerpo lleva el
peso fundamental.
El trabajo corporal, el
enunciado oral, así como la utilización de conceptos y signos
apropiados, dan a la puesta el lenguaje idóneo y consolidan la forma
más eficaz para la comunicación del contenido.
Desde la delimitación del espacio y
la poca utilería se plantea la enajenación y el aislamiento del
personaje; la relación con los objetos pone al descubierto la
necesidad inminente de insertarse socialmente, así como su capacidad
de adaptación y decisión de luchar.
El hambre no es más que
el espíritu y la demanda de socialización que manifiesta el ser
humano desde la definición minúscula de ser individual. La
proyección pública de este está marcada por la relación abrupta
con el medio circundante, de ahí que la selección de los objetos
sea esencial para definir sobre cuáles perfiles expresivos se desea
acentuar el apetito del personaje y revelar los conceptos, los
principios y la visión que él posee de cada proceso de
interrelación.
Sobre la propia comunicación
del actor con la escena se diseña la estructura dramática de la
puesta, edificando la progresión necesaria con cada nuevo contacto y
aprovechando la composición espacial que se proyecta desde las
excelentes posibilidades físicas-expresivas de Joel Pérez.
La música no solo
rotula la cadencia y la dinámica de la representación, es un
discurso explícito mediante el cual se comunica el estado anímico
del protagonista, revelándonos las detonaciones violentas que se
suscitan en su interior.
Constantemente se
definen y redefinen las conexiones entre medio e individuo.
La
caracterización de un ser deformado, sin recurrir a
exteriorizaciones, permite ver una manera muy peculiar de trasladarse
y hablar sobre la escena a un individuo que defiende desde su trágica
existencia, su derecho de vivir y resalta como valores su capacidad
de imponerse por encima de las circunstancias; y disfrutar cada uno
de sus actos.
La puesta en sentido
general, fiel al texto, es una defensa de la unificación, el respeto
a las diferencias, un llamado a la no-exclusión y la aceptación
plena por sobre cualquier defecto físico, mental o psicológico.
La
pintura y otros lugares:
El
Teatro como gesto y experiencia sensorial
Por:
Antonio Enrique González Rojas
Después del (o junto al) cine y el
audiovisual por extensión, el Teatro es el arte más plural en tanto
es capaz de contener en sí los códigos y resortes del resto de las
manifestaciones. Deviene, más allá de la básica narración
conflictual, una experiencia sensorial íntegra que implica una
infinita riqueza de recursos expresivos, mixturados o conjugados en
variopintas proporciones, según las pretenciones conceptuales de los
creadores.
Facultados para
comunicar sentido y drama no sólo desde la historia, los artífices
destilan en sus redomas autorales el hecho teatral y obtienen el
gesto y la imagen como principales recursos escénico-expresivos,
libres de una historia aristotélicamente concebida, pero no carente
de emoción. Todo lo contrario. Sobre tales presupuestos se asienta
la obra La pintura y otros
lugares, el más reciente
estreno del capitalino Espacio Teatral
Aldaba, que bajo la
dirección de su fundadora Irene Borges, clausuró 2012 para el Tomás
Terry en cuestiones de
teatro.
Pisando los talones a otro grupo
habanero: El Ciervo
Encantado, regido por Nelda
Castillo, quien con obras como los Pájaros
en la playa y Visiones
de la Cubanosofía marca
significativa y saludable singularidad en la escena cubana
contemporánea, Aldaba
revela con esta pieza, fruto de un ejercicio de creación colectiva
que rescata para el presente los principios del Teatro Nuevo
latinoamericano, la ilusoriedad de las fronteras entre el Teatro y
las Artes Plásticas: entre representación y performance,
entre escenografía y enviroment,
enfatizando meticulosamente en la armonía compositiva de cada escena
y la autosuficiencia de su significado como gesto autónomo,
interrelacionado pero no interdependiente con el resto de la obra.
Aunque no apela a la
espontaneidad que también define al performance
(debe haberse limitado al proceso endógeno de construcción
colectiva de la puesta),
sí busca involucrar a
los públicos desde el carácter confesionario y levemente catártico
de las interpretaciones, fundamentalmente dirigidas a la
sensibilidad, la emoción y la saudade
de la audiencia, como verdadero antípodas del extrañamiento
brechtiano.
La
pintura…, también el
título de un libro concebido por el artista francés Alain
Kleinmann, autor de la mayoría de las piezas proyectadas sobre los
soportes, humanos y materiales, va así en pos de conseguir una
belleza orgánica de altos cotos líricos, soportado todo en la
nostalgia familiar, suerte de gran esencia de la puesta, donde los
cuerpos de los actores devienen lienzos vírgenes y arquetípicos en
los cuales tridimensionalizar, encarnar las figuraciones y el
discurso judaico-diaspórico del artista de marras, quien rememora
desde la exquicitez técnica y la visceralidad expresiva la magna
tragedia judia del siglo XX: el Holocausto patrocinado por los nazis
en la Segunda Guerra Mundial, concienzudo estartegia para lograr el
exterminio de una nación completa como la tribu israelita, suceso
recreado en años recientes en la obra Emuná,
de la extinta compañía cienfueguera de danza-teatro Oxígeno
desde una concepción más espectacular.
Ahora, la organicidad tan icónica y temáticamente específica de la puesta se ve resentida por la un tanto ingenua pretención de “contextualizar” la situación en la Cuba del presente, como suerte de manifiesto generacional de los jóvenes, quienes llegan en determinado momento “climático” a clamar a voz en cuello por la armonía, la concordia, la paz, el amor y demás utopías (necesarias, pero imposibles al fin), tras breve repaso de circunstancias aciagas de la historia nacional reciente, nunca tan terribles como la tragedia judía, aunque sí más cercanas y dolorosas. Contrasta, no obstante, la arcana ilusoriedad de las obras de Kleinmann y todo su universo cultural, cuya exótica belleza ha prefigurado hasta determinado momento una esfera cósmica, un enviroment contundente, con la repentina irrupción de fotos comunes de La Habana, para nada elaboradas y el más brusco detour experimentado por el discurso lírico.
Esta transición Auschwitz-Habana o 1943-2012, no delata un engarce epocal-conceptual sólido como para develar de una manera consecuente los rasgos comunes de la añoranza, de la nostalgia humana, amén espacio y tiempo. La pintura… se ve entonces truncada en dos parcelas de significado casi divorciadas, dado lo débil de la amalgama dramatúrgica, en este caso sí muy necesaria, dada la divergencia de los planteamientos. Se aboca todo a la catarsis lacrimógena y casi sensiblera (aunque a salvo del melodramatismo barato) con la escena final, donde los actores evocan a sus seres queridos fenecidos, en un momento innegablemente conmovedor el cual imagino, como fruto que es de un ejercicio de articulación plural, sea suerte de una demasiado íntima apropiación de las obras de Kleinmann, basado todo en la saudade más aungustiosa.
La pintura y otros lugares, a pesar de estas sombras que empañan por momentos su coherencia dramatúrgica, resulta una comedida y nunca inoportuna escalada a los núcleos más nobles de la sensibilidad humana, allí donde se refugia la pureza que dedicamos todos los días a mancillar y soslayar, enterrándola en el fondo del alma como la Esperanza en el cofre de Pandora, así como una convocación igualmente nostálgica a la belleza modernista y contemplativa emanada por versos como los escritos por la Loynaz.
Vitalidad
y cercanía de
La
pintura y otros lugares
(*)
Por:
Vivian Martínez Tabares
No
es muy frecuente que el teatro cubano de estos tiempos se abra al
diálogo con otras manifestaciones artísticas. A pesar de su
condición de arte de síntesis y de su cualidad como expresión
audiovisual viva, falta una mayor interrelación con otras zonas de
las artes. Ya me he referido al necesario diálogo con el
performance, presente solo en la labor de El
Ciervo Encantado y en algún
otro intento ocasional, a pesar de la potencialidad que significaría
para la vitalidad de la escena misma y para el crecimiento fecundo de
muchos actores capaces y ociosos. Una excepción estimable es la
propuesta de Irene Borges y el Espacio Teatral Aldaba
al representar La pintura y
otros lugares, creación
colectiva inspirada en la obra plástica del artista francés Alain
Kleinmann (…)
El
Espacio Teatral Aldaba
es un aún joven colectivo (creado en 2008) que mantiene un intenso
quehacer de estrenos. Y si un rasgo distingue a su directora, Irene
Borges, graduada de la Escuela de Instructores de Teatro y de
Dramaturgia en el Instituto Superior de Arte, con estudios de
dirección también en talleres del Royal
Court, es el tesón y la
audacia. Con esta puesta, de gran formato y vocación instalativa,
que involucra a un elenco numeroso de trece actores en escena,
alcanza a mi juicio uno de sus más logrados trabajos, que me motiva
a reflexionar por lo que de innovador tiene en varios sentidos.
Primero, me llama la atención que el
joven grupo se adscriba a la creación colectiva (y no por primera
vez), un modo de hacer que implica y compromete activamente a todos
los participantes. Heredada de los años 70 y del auge del movimiento
de teatro nuevo, hoy la creación colectiva es inusual (y hasta a
veces denostada, aquí y en otras latitudes, con frecuencia desde el
desconocimiento o la alineación diferenciadora a ultranza), cuando
los grupos más notables artísticamente en nuestro teatro están
signados por una marcada impronta individual de los directores
líderes. Quizás, el breve paso de Irene Borges por el Teatro
Escambray y el contacto con creadores como Carlos Pérez Peña (a
quien también ha dirigido en Aldaba)
y Rafael González, entre otros, le haya mostrado las posibilidades
de esta manera de crear, no superada por el tiempo sino abierta a
nuevas apropiaciones.
Otra
cualidad a destacar es la capacidad de emprender un proyecto, a
partir de una pauta pictórica, y convertirlo en una experiencia
teatral de múltiples expresiones, con la “invasión”
instalacionista que ocupa gran parte del espacio de la Sala Tito
Junco del Centro Cultural Bertolt
Brecht (creada por el
propio Kleinmann con Michel Díaz Deschapell, Abel Ferrero y Alberto
Emilio Jiscar), de modo que el espectador irrumpe en la ámbito
teatral a lo largo de pasillos diseñados en torno, en los cuales se
encuentra con actores que interactúan con objetos personales,
documentos, libros y fotografías, dispuestos en sugerentes
composiciones, que sirven como efectivo prólogo y preparación
emocional e intelectiva.
Y
el mérito fundamental, a mi juicio, es haber logrado apropiarse de
lo esencial contenido en una obra vasta, de un artista foráneo,
(nacido en París en 1953, es decir, proveniente de un contexto y de
una generación diferente a la de Irene y sus actores), y que desde
la contemporaneidad fija sus motivos temáticos en la guerra y sus
consecuencias en la memoria, también marcado por su ascendencia
judía de la Europa del Este. Las imágenes de las piezas de
Kleinmann proyectadas al fondo en un enorme telón, cobran vida
fundidas con los cuerpos de los actores, ataviados de blanco, como
las telas que enmarcan la caja escénica, en abierta disposición
plástica para integrarse a la bellísima trama visual en tonos
sepias, en la que las líneas, las sombras y las manchas dejan ver
viejas paredes y llaves sobre las que el tiempo no marca distancias
insalvables, verjas, puertas, maletas, ruedas (huellas de acto de
partir, del éxodo y el viaje), un antiguo coche de niño y otros
objetos que operan como artefactos de la memoria emotiva, con
resonancias personales y colectivas para todos los tiempos. El puente
tendido hacia el artista francés va más allá del libro suyo que da
título al espectáculo, cuando hasta acá, al recrear sus imágenes
relacionadas con La Habana Vieja, con sus altos muros, cariátides y
escaleras.
Las
obras de Kleinmann no son nunca para este montaje un elemento
decorativo o un telón de fondo simplemente hermoso; su pintura es
atmósfera vital, aire y estímulo que consigue composiciones
admirables, que despierta analogías y pone a dialogar, de modo
sensible, el tiempo pasado con el presente de los artistas y
espectadores. Las imágenes plásticas cobran vida en la acción de
los cuerpos en movimiento, interactúan con la gestualidad y los
desplazamientos en el espacio tanto como con la palabra, con el apoyo
de una efectiva banda sonora y de las expresivas luces, profusas en
claroscuros, de Marvin Yaquis. Porque más que ilustrar o
“teatralizar” una obra cerrada en su bidimensionalidad, lo que
hacen Irene Borges y su equipo de Aldaba
es apropiársela, darle carne y nutrirla de sus propios sueños y
angustias.
La
estructura está armada de pasajes que reprocesan referentes de la
literatura, el teatro y la vida en una amplia suma de fuentes que van
desde el drama lorquiano, la reconstrucción de una experiencia de
espectador frente al extraordinario desempeño artístico de Marcel
Marceau, y a situaciones de la vida cubana, cotidiana y familiar, de
ahora mismo. Y en lo que intuyo como el afán de dar respuesta
equilibrada y justa a los impulsos expresivos de cada uno de los
actores, muchos de ellos muy jóvenes, está el punto más polémico
del montaje: la dramaturgia, requerida de una ilación más orgánica
y de cierta edición de los textos, no siempre con la misma
elocuencia teatral ni riqueza literaria, aunque sí impregnados de
sincero empeño. Así, el balance artístico es positivo, a partir de
la entrega (total, de los cuerpos-mentes) al experimento y a las
búsquedas de un modo de hacer hasta entonces inédito para el grupo
y para muchos de sus miembros y, como decía al principio, poco
habitual en los discursos estéticos, a veces bastante uniformes, de
la escena cubana actual.
Especialmente contundente es la escena
climática, la plegaria que se hace coral desde el acto de compartir
los sueños y anhelos de cada uno, y de aportar también desde el
ámbito de las imágenes una iconografía propia, cuando los actores
y actrices cargan consigo, amorosamente, y colocan en escena,
iluminados por la titilante llama de las velas, retratos con rostros
de sus seres queridos. Los semblantes difusos y trasmutados del
modelo real en las pinturas, según el estilo de Kleinmann, dan paso
aquí a seres identificables de carne y hueso, algunos de ellos con
el añadido de su propio entorno. El clima dramático sube cuando
cada actor se expresa: las manifestaciones de sus ansias tocan en lo
profundo la emotividad del espectador, no por el modo en que son
dichas –y se ve que la línea directriz supo cuidarse de cualquier
sentimentalismo simple-- sino por la humildad y la sencillez que
animan los pedidos expuestos ante los demás y ante nosotros.
Humanísmos, hablan de cuestiones terrenales como la posibilidad de
tener un hijo, y que pueda educarse con un buen maestro, que todos
podamos tener prosperidad, trabajo y amor, de apartar la intolerancia
y el miedo a lo diferente, de desterrar la corrupción, de poder
encontrar la felicidad aquí y no en otra parte, de tener capacidad
para resistir, y paz, salud, equidad, libertad, solidaridad y amor
para todos.
Ese
pasaje alcanza una riqueza performativa inusitada, un clima de verdad
y fuerza en el que Aymée, Karla, Ailín, Vivian, Yuniel, Asdrúbal,
Fernando, Rocco, Daniel, Hamlet, Yusán, Maykel y Manuel, y también
Irene y el resto de los miembros del Espacio Teatral Aldaba,
son mucho más ellos mismos, oficiando un acto reiterado en el que
los cuerpos se salen de la tela y de la trama para consumar una
presencia rotunda en el aquí y el ahora. Y tiende así una especie
de puente entre teatro y performance por la explícita disposición
política al enjuiciar, críticamente, los vicios de este mundo y al
anhelar, como posible y necesario, uno mejor y más humano.
Creo
que La pintura y otros lugares aporta al centenar de exposiciones
personales de Alain Kleinmann, vistas en importantes museos y
galerías del mundo, y a sus anteriores incursiones en nuestros
espacios (en el Museo Nacional de Bellas Artes o en San Alejandro),
también la vitalidad de la escena, que lee lo universal y lo renueva
para hacerlo cercano e inmediato. Y a nosotros, otro horizonte visual
desde el cual mirarnos.
*Tomado
del Dossier de La
pintura y otros lugares
Laritza
Bacallao: Dejando escapar el ángel
Por:
Lázaro Perez Valdés
Una
oferta excelente para cerrar el año la del 28 de diciembre en el
Teatro Tomás Terry:
una noche de entrega y respeto. La protagonista Laritza Bacallao no
tuvo otra opción que desbordar todo su talento sobre el tabloncillo
para responder al amor y la acogida que el auditorio cienfueguero
reunido en el majestuoso coliseo le profesó. Desde bien temprano se
fueron colmando todos los espacios y pronto, mucho antes de la
primera campanada, la gran masa humana, apropiándose del interior de
la institución dejó sin circulación el aire emitido por los
ventiladores y la noche aumentó la temperatura hasta tornarse
calurosa.
Todo
dispuesto y junto a la tercera campanada y los primeros acordes se
abrió el telón de boca para iniciar un concierto donde música y
aplausos alternaron incesantemente; en algunas ocasiones se fundieron
en un solo tiempo, en un gran acorde que el pueblo cienfueguero
necesitaba para concluir el año. La aparición de la artista fue
marcada por una ovación extendida por los prolongados segundos que
ella necesitó para observar la concurrencia. Su silencio expresó el
agradecimiento ante tan extraordinaria acogida.
El
amplio espectro musical de la Bacallao le permitió viajar en el
tiempo de la cancionista cubana y deleitar a sus interlocutores con
un profundo y bien seleccionado repertorio donde incluyó piezas
foráneas, así como el contagioso ritmo que identifica a la nación
brasileña: la samba.
Laritza no solo cantó,
bailó, sino que dialogó con el auditorio de forma amena y con una
especial sinceridad que le permitió conquistarlo. Quizás este sea
uno de los grupos más heterogéneos que ha convocado un espectáculo
o una artista dentro del Terry.
La
calidad vocal, interpretativa, artística y humana de Laritza elevó
la convocatoria del Teatro Tomás
Terry y reunir a niños,
jovenes y adultos en un solo aplauso. Algunos pueden pensar que este
28 de diciembre se posó un ángel sobre el tabloncillo, yo me atrevo
a asegurar de que fue el espíritu del Arte quien se apoderó del
escenario para provocar que cada espectador dejara escapar su ángel.
Otras
latitudes teatrales
II
Jornada Cienfuegos Teatral:
Calidades
no reñidas con las cantidades
Por:
Lázaro Pérez Valdés
La
Jornada Cienfuegos Teatral
en su segunda edición, se desarrolló del 13 al 15 de diciembre,
teniendo como sedes las salas Guiñol,
Guanaroca
y espacios alternativos de la ciudad. En esta ocasión el certamen
estuvo amenizado por varios colectivos del movimiento de artistas
aficionados como Máscaras, del municipio de Cruces, con la pieza El
cangrejo volador; Acrópolis
Teatro, de la Universidad
Carlos Rafael Rodríguez
de Cienfuegos, con el monólogo Mi
madre; Teatro
Joven, de Palmira, con la
puesta Tardes grises; Teatro
Nuevo, con El
aval; Luces
Teatro, con Candil
de los sueños y el Carro
de Thespis, los últimos tres de la Perla del Sur; y apoyados por las
agrupaciones profesionales de la provincia como el Centro Dramático
de Cienfuegos, con una nueva presentación de Mar Nuestro; Retablos,
con Fábulas en el Escritorio y lo cual impregnó calidad y variedad
al acontecimiento.
Tres
días resultaron muy poco tiempo para exponer las numerosas obras,
caracterizadas por la diversidad de los temas, la variedad de
técnicas y estéticas artísticas.
Definió a esta jornada
la organización, la disciplina y el respeto absoluto por el
cumplimiento del programa, así como el balance adecuado de las
propuestas escénicas, lográndose incorporar al menos un colectivo
de cada municipio y reservando el espacio para que agrupaciones de
otras provincias participaran, como los jóvenes de El
Portazo, de Matanzas, con
la obra Por gusto
y el elenco habanero del grupo Teatro Interrogante,
con la puesta Tipos.
Contar con un número tan alto de
propuestas artísticas de calidad, puede ser síntoma de excelente
salud al movimiento aficionado y redefine los márgenes y signos de
cómo este puede influir posteriormente en el desarrollo del teatro
profesional.
Invadir todos las
instalaciones donde habitualmente se representa en la provincia no
solo fue un reto, resultó una muestra del alcance y el impacto de
los creadores y sus instructores de arte, así como de la capacidad
del comité organizador y del desempeño técnico-metodológico del
Consejo Provincial de Casas de Cultura.
Por
encima de la multiplicidad, la novedad, la disposición, distribución
y el orden mencionados, se edificó de forma magistral el movimiento
de público generado, atrayendo fundamentalmente a jóvenes,
adolescentes y repletando cada uno de los espacios programados. A
pesar de la calidad de las muestras y la certeza de la ejecución de
este evento, su proceso de socialización supera todas las
expectativas para un encuentro así y para muchos programas similares
organizados por otras instituciones culturales
En
este mes, pero hace años…
Enero
1997
24 al 26:
Presentación del grupo humorístico Nos
y Otros,
con el espectáculo La
muerte de Elpidio Valdés.
Rigoberto Ferrera como invitado especial, con el monólogo Accidente
(Premio Aquelarre)
1999
22 al 24:
Presentación de la agrupación Teatro
Las Nubes,
con la obra Huevos
de pájaro,
bajo la dirección de rolando Tarajano,
sobre un texto de Raúl Alfonso, y
las actuaciones de
Yailene Sierra, Indira Valdés y
Carlos Padrón
2001
13: Concierto homenaje al
aniversario del Trío Trovarroco, con la participación de Vicente
Feliú, Augusto Blanca y Lázaro García.
Tomado
de Román Capdevilla, Rebeca (Coordinadora): Dos lustros fecundos.
Aproximación a una cronología del Teatro Tomás Terry 1996-2006,
Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2006.
Consejo editorial:
Miguel Cañellas Sueiras (Director)
Antonio Enrique González Rojas
(Editor jefe y diseñador)
Indira Rodríguez Ruiz
Redactores del número:
Vivian Martínez Tabares
Lázaro Pérez Valdés
Antonio Enrique González Rojas